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Estos días he estado teniendo problemas intelectuales. Podría decir que siempre los he tenido y que me he habituado a ellos como una manera consistente de vivir -de hecho lo estoy diciendo-, pero estos días han influido en mi consciencia un tanto más que lo usual, por eso creí que hacerlo notar sería una “novedad”. He estado leyendo algunos escritos interesantes de personas mucho más estudiadas e inteligentes que yo. Pude percibir una perturbación equilibrada que guiaba a uno de estos escritores a explicar lógicamente ciertos puntos de vista que no son a primera ni segunda vista palpables por un razonamiento superficial. De igual forma, el escritor era capaz de expresar lo que quería expresar y darlo a entender, haciendo un punto bien tejido desde el inicio del capítulo hasta el final. Algo que me causó algún desbalance en el proceso de entender lo que estaba leyendo fue que podía sentirme identificado con unas de las frases. Aclaro, no que me esté comparando o haciéndome igual a, sino más bien de lo poco que pude absorber, me di cuenta que la perturbación que en un modo aquejaba al escritor, se identificaba con ese extraño entorno que estaba elucubrando en mi cabeza. No tengo ni idea qué es lo que sucedía, y lo más extraño fue que los ánimos intelectuales se calmaron por ciertas oraciones o frases especialmente colocadas. Vale la pena hacer ver que estaba en una biblioteca, sentado en una esquina previamente fichada por mi persona, un lugar en donde, según mis criterios de ocupación y adecuación, era plausible sentarse a leer un rato. Imagino que no es interesante seguir leyendo cuando no hay algún punto en el cual concentrarse. Pero ojo, siempre hay un punto. Siempre hay algo que el escritor quiere decir pero a veces uno no es capaz de verlo. Hay ocasiones cuando no somos lo suficientemente ávidos para entrar en la mente del escritor. Si somos atrevidos -debemos serlo-, podemos pensar en lo que el autor estaba pensando cuando estaba escribiendo lo que escribía al mismo tiempo que pensar en lo que estamos leyendo como un mensaje conectado pero no necesariamente el mismo. La pianista que tiene excelente lectura a primera vista, empieza a tocar la melodía, los ojos reciben, corcheas, semicorcheas, blancas, negras, etc. Los dedos pulsan la tecla adecuada, El ritmo se siente, la obra empieza a cobrar vida… pero la pianista está pensando: que belleza, que magistral, espero no confundirme… No está pensando en lo que está tocando, aunque para el que oye y el que ve, ella está transmitiendo notas musicales, paquetes melódicos con sentido, que llegan a su receptor a tiempo y como entrega especial. Se entiende aquí que se debe llegar a un punto muy alto de maestría para llegar a realizar esta hazaña, y por fortuna, el escritor referido hoy la tiene. ¿Qué estaba pensando? No tengo la más mínima idea. Pero por un momento, por un instante, por unas cuantas palabras,.. me leyó en vivo lo que escribió. ¿Me quedé dormido? ¿La cuidadosa elección de mi lugar de lectura logró doblegarme? Creo que son síntomas del problema intelectual.

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