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La lluvia empezó a caer sin aviso alguno. Pude escuchar las gotas tempraneras advirtiendo el advenimiento de sus hermanas. Las plantas levantaron su canto al cielo al recibir el fresco baño entrada ya la tarde. El cielo rugía impetuoso, con furia soltando su ira sobre la tierra. El sonido lejando de una quena despierta el oído de este viejo amigo que recostado en su rústica mesa de madera, levanta el rostro y tomando aliento afirma su camino a encontrar aquella melodía en medio del bosque. El león de los cielos le recuerda con su clamor aquellos días en los cuales los cueros de su rostro tenían menos dobleces y las sonrisas eran viendo hacia el futuro; el pasado no existía. Los rastros del camino desvanecen al adentrarse en el corazón de la montaña. Tonos de verde y marrón a todo su alrededor. El cielo a calmado su ira, las gotas más jóvenes vienen a acompañar a aquellas que llegaron en el principio. Son las últimas de su camada, y orquestan muy bien su llegada. La música de los árboles suena tenue en los adentros del bosque. Los ríos bailan celebrando la venida de aquellas que se fueron y han vuelto. Corren ágilmente por sus cauces, cantando los cantos de los antiguos, la melodía de la espesura está cerca. Cierro los ojos, estoy con ella.

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