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Ayer en la noche, debido a otra conversación –las conversaciones son buenas musas al reflexionar en ellas después de haberlas tenido–, pensé en esta actividad que los seres humanos hacemos constantemente. Lo hacemos todos los días y necesitamos hacerlo porque si no tendríamos serios problemas hasta en nuestras cotidianidades más sencillas. Me refiero a la acción de recordar. Hay tantas cosas que queremos recordar, y que deseamos de todo corazón no olvidar ni un solo detalle. Hoy cuando revisaba mi tesis, pensaba: “ojalá pudiera recordar esto de principio a fin”. La realidad era que habían cosas que no recordaba haber escrito. Tal vez sí el tema y las generalidades, pero ciertos modelos matemáticos estaban prácticamente borrados de mi mente. En mi cuarto vi por allí un libro que leí con mucha hambre alguna vez, y cuando traté de hacer memoria de algunos detalles, lo único que vino a mi mente fueron las líneas generales del libro. Es por eso que me gustan mucho las fotos, porque son capaces de traer a la memoria de forma vívida una situación, un día, sonidos, colores, olores, sentimientos, pensamientos, etc.

También ayer, después de cenar, estaba viendo un programa de televisión cuyo tema central es resolver casos policíacos. Cuando hay una escena del crimen, unas de las cosas que hacen es tomar muchas fotos de los detalles, de los objetos y de la víctima. Esto es una realidad que si bien la vi en televisión, sucede amenudo en Guatemala y en muchos otros países del mundo. Reflexionemos en las fotos que se toman en la escena del crimen. ¿Podría pensar en ellas y decir lo que afirmé en el párrafo anterior? ¿Podría decir que me ‘gustan mucho’ porque traen memorias, sonidos, colores, etc..? No sería muy humano contemplar fotos como estas y pensar en ellas como algo que trae buenos recuerdos. Mucho menos podría pensar así quien estuvo cerca de algún suceso cuyo lugar de desenvolvimiento se catalogue como ‘escena del crimen’.

Pero, una foto es una foto. Transmite lo que ve. La realidad. La querramos recordar o sea mejor olvidar. A veces pienso que la vida es como una serie de fotos. Hay partes que queremos ver y volver a ver, incluso, si fuera posible, revivir. Hay otras partes que queremos sencillamente olvidar, hasta pretender que nunca pasaron y pedir al cielo –se crea en Dios o no–, que nunca jamás vuelvan a pasarnos. El hecho es que hay partes que queremos recordar que serán olvidadas y partes que queremos olvidar que serán por siempre recordadas. ¿Qué hacer? tal vez tener un concepto más amplio de la vida que sólo meras fotografías, pero sabiendo que es una realidad de la vida, la tristeza y la felicidad, lo sabio es aprender a vivir con ambas y darles su lugar en la vida, porque seguro ellas encontrarán su espacio lo querramos aceptar o no.

Pablo, el apóstol, dijo una vez:

Sé tener escasez, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado, como para hambre; para tener abundancia, como para padecer necesidad. (Fil. 4:12)

Claro, no podemos decir mucho sacando únicamente esta frase de las palabras de Pablo, pero algo distintivo en ésta en particular es que muestra el conocimiento (Sé), y la experiencia (tener) de que en la vida a veces hay poco o hay mucho; y que a veces las cosas no salen como se tiende a querer –tener abundancia–, sino que al revés –padecimientos–. Pablo acepta la realidad de la vida, la comprende y la ha vivido. Es por eso que debemos retomar la enseñanza de que la vida no es sólo felicidad, gozo, bulla, color de rosa. También hay dificultad, tristeza, silencio, etc. Ver todo con una ‘actitud positiva’, sencillamente no es posible, no es real ni natural. Los que enseñan esto de que todo depende de mi actitud, fallan en ver que esta forma de ver el mundo y afrontar la vida, nos aliena y nos induce un adormecimiento ante la realidad del dolor genuino y la tristeza, por ejemplo. ¿Cómo ver con una ‘actitud positiva’ la muerte, la injusticia y la violencia? Mejor cierro los ojos para continuar con mi buena actitud, así evito enojarme, entristecerme, etc. ¡Por supuesto que no! No podemos actuar así. Hay cosas que deben causarnos molestia, que deben causarnos dolor y que deben causarnos indignación. Niños muertos de hambre, un asesinato, la muerte de un ser querido. Hay dolor y hay bienestar, hay felicidad y hay tristeza. Hay días buenos y hay días malos. Así es la vida.

Algo que debo admitir sobre la fe cristiana y sobre la cosmovisión de la misma, es que presenta al ser humano, su mundo, su vida y la relación de él con el mundo, de la manera más real posible. No nos engaña con una falsa concepción de que todo en la vida será bueno ‘gracias a Dios’, y tampoco nos deja rendidos en un mundo de maldad, inseguridad, pobreza, sin esperanza. Hay dificultades, hay cosas que saldrán mal, nada es perfecto en mi vida, tengo mis luchas internas, pero hay también belleza, bondad, amor, esperanza. Pablo, inmediatamente después de la afirmación que leímos arriba, afirma una reveladora y esperanzadora realidad para todos los que vivimos en un mundo y en una realidad como la nuestra:

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. (Fil 4:13)

También dice solamente unas líneas después:

Mi Dios, pues, suplirá todo lo que les falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. (Fil. 4:19)

Según Pablo, a través de Cristo, era posible ser fortalecido, lo que le habilitaba a vivir la vida tal cual es. ¿Qué llevará a decir a un hombre, todo lo puedo? Obviamente no puede hacer todo, ni es lo que quiere decir, pero según su afirmación anterior en el v.12, lo que quiere decir es que ¡a pesar de la realidad de la vida, puede seguir adelante fortalecido en Cristo! Por si no está clara su confianza en aquel que le da fuerzas para vivir la vida (todo lo ‘puedo’), en el v.19 dice que conforme a la abundancia que hay en Cristo Jesús, puede suplir a ‘ellos’ o sea a los filipenses lo que sea que les falte. De nuevo, en Jesús.

Una fe que es personal (v.13: [yo] todo lo puedo…), que se comparte (v.19: Mi Dios, pues, suplirá todo lo que les falta [a ellos]), y centrada en Jesús. Y a la par de esta ‘fe’, una visión equilibrada de la vida, a través de Jesús.

¿Quién no quisiera comprender la vida tal como es, y vivirla con esa comprensión? Sin falso positivismo ni absoluto pesimismo, sino siendo capaces de enfrentarla sea como sea lo que nos toque vivir, y también entendiéndonos a nosotros mismos, con una perspectiva sobria de mis defectos, deficiencias y tendencias desviadas, a la vez que con mesura reconozco mis fortalezas, destrezas y capacidad de amar y hacer el bien. Jesús le dio esta perspectiva de la vida a Pablo, poco a poco he ido entendiendo a Pablo y adoptando esta perspectiva de Jesús para mi propia vida. ¿Por qué no considerarla tú?

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Un pensamiento en “Qué diera por recordar, qué diera por olvidar… equilibrio en la vida.

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