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-Acuéstese por favor- me dijo. Sin pensarlo mucho, busqué el suelo con mis manos, mis rodillas tocaron el piso y alejando las sillas y mesas que estorbaban mi posición horizontal, me encontré acostado, rodeado de gente viéndome. Fue como esos momentos de película en donde la cámara está estratégicamente colocada en una posición en donde el espectador siente que lo están observando, estando el personaje en una posición muy baja y muy vulnerable.

Fue muy interesante estar en ese taller. Los primeros auxilios son básicos para toda persona. El nombre delata su necesidad. Primeros auxilios. Auxilio indica que hay que responder, hay que hacer algo, y primeros indica la prontitud de la respuesta: hay que hacer algo y hay que hacerlo ya. La maniobra es sencilla, pero requiere fuerza física y precisión. En el tercer dedo colocado empezando desde el extremo del esternón, colocamos nuestra palma de la mano y juntamente con la otra, ponemos las manos sobre el pecho y empezamos las compresiones. Sin doblar los brazos, la fuerza viene del cuerpo, no de los brazos.

En estos días he estado reflexionando mucho sobre primeros auxilios. Tantas veces que hemos estado en una situación en donde hemos necesitado auxilio y pronto. Esas situaciones son muy comunes en las diferentes dimensiones y áreas de nuestras vidas. Últimamente he estado alrededor de ciertas… podríamos llamarle “condiciones iniciales” (damos gracias al lenguaje matemático e ingenieril por la expresión) que me han hecho pensar más allá de mis propias narices y me han hecho sentir más allá de mi propio pellejo.

Me he encontrado con preguntas que hace tiempo habían dejado de rondar por mi mente y de igual forma surgieron sentimientos que tampoco recordaba. La amplitud de la vida puede venir a nuestro entendimiento en menos de lo que podemos comprenderla, de modo que en el instante cuando tuvimos la oportunidad de entender el universo, sencillamente se nos escapa frente a nuestros ojos.

Y hablando de ojos, veo personas, rostros, miradas con amor, odio, desesperanza, cariño, felicidad momentánea, atención, seguridad, duda, incertidumbre,… cada quien póngale el nombre que desee a la mirada que haya tenido o haya visto en otros hoy. Lo que podemos decir es que, hay gente, y hay miradas y que cada cual tiene un mundo tan complejo detrás, que la certeza más grande que podemos tener es que no podremos saber todo lo que hay detrás. Incluso si escojemos sólo una persona para cavar en lo profundo de su mente y corazón, jamás podremos saberlo ¡incluso si esa persona somos nosotros mismos!… ¿Cómo lo hace sentir esto? diría algún psicólogo. Me hace sentir que no soy nadie, o tal vez que soy demasiado amplio como para entenderme yo mismo, y menos que otro me entienda.

A la vez esto trae una gran contradicción. ¿Amplio? ¿Yo? viene a mi mente lo que es verdaderamente amplio. El mundo. El planeta tierra, el océano, el conocimiento, el universo. Dios. Ernesto Sabato, en su libro la Resistencia, nos da un aire de la contradicción que presenta la vida moderna. Podemos estar todos juntos, pero a la vez completamente solos. El corredor que no oye ni siquiera sus propios pasos sino los tapones que tiene en los oídos, el adolescente -cuya edad hoy se estira desde la niñez hasta la vejez- que escucha no más allá del tecleado de su esclavizador, o, la voz que sale del aparato que representa a un ser humano virtual, porque no está allí pero le escuchamos y le hablamos más que al que tengo al lado.

Cuanta alienación hay hoy en día. Me sorprendí una vez que estuve en un lugar comiendo. Mucha gente come allí también, ya que es un lugar de esos en donde la gente se reune para introducir alimento en sus cuerpos, a la vez que habla sin escuchar a ninguno. Lo curioso es que todos hacen lo mismo. Todos quieren hablar, nadie quiere escuchar. No es sorpresa cuando alguno encuentra a alguien que lo escuche y resulta hablando con mucha más profundidad y con una conexión entre seres humanos que surge cuando alguien se interesa más allá que el entronado yo.

¿Por qué con las manos sobre el pecho? La realidad es que esa es la posición en donde todos nos encontramos ahora. Tal vez la pregunta es que si alguien nos haría RCP. ¿Será que alguien salvaría a esta putrefacción moral representada y personificada a través de mi (y de todos)? Si decidimos ver en lo más profundo de nosotros y con completa honestidad, nos llevaremos la sorpresa que todos tememos… no nos gusta lo que vemos. Imperfección, complejos, dudas, errores, en resumen, todo eso que no quiero ser. Podríamos argumentar que de hecho hay cosas que veo que sí son lo que deseo ser, pero sabremos al final que nadie sabe qué quiere ser. Y quien cree saber, cuando llegue, sabrá que en realidad no sabía, o al menos que si sabía, no le trajo la plenitud de vida o satisfacción perpetua que pensaba tendría.

C.S. Lewis en su libro los cuatro amores, habla de un concepto que llamó mi atención. Él reconoce esta realidad, llámesele positiva, en el ser humano, y también reconoce la otra realidad, llámesele negativa. Ahora bien, el concepto detrás es muy interesante, ya que lo que trae estas realidades a la vida, es la realidad de Dios y la realidad del carácter del ser humano. El ser humano, salido del aliento de Dios mismo, tiene por naturaleza pinceladas, vestigios, puntadas, trazos de Dios en si mismo. En otras palabras, está cerca de Dios pero porque se parece físicamente, no porque esté próximo o cerca de Él. Como el niño que tiene la cara de su papá. Esto nos lleva a la realidad ineludible de que en el tráfico del viernes por la tarde, alguien te de vía, o también que el profesor en el aula te de algunos minutos de receso. El ser humano tiene bondad en si, porque Dios lo hizo y de Dios obtuvo estas características.

Ahora bien, el ser humano tiene maldad. ¿Por qué? Porque es humano, y como tal, quiere hacer lo que quiere. ¿Cómo sucedió esto? Sencillo… vio el semáforo en amarillo, y en vez de parar, metió el acelerador hasta el fondo, ganándose una multa de por vida que nos cuesta hoy por hoy todo dolor, tragedia, tristeza y dificultad que vemos en el mundo y en nuestras vidas. Ahora bien, si retomamos la pregunta ¿habrá RCP para nosotros? La respuesta es sencilla y es afirmativa. Si hay quién nos resucite. Y es el mismo a quien nos parecemos por herencia. Lo único es que esta vez no ha de ser un parecido físico, sino que requiere un acercamiento físico. No es suficiente que seamos parecidos a Él por herencia, sino que estemos cerca de él por decisión individual.

¿Cómo así decisión individual? Se vería como decidir en dónde me caigo desmayado. En la banqueta de la calle o en la camilla del hospital. Y es desde aquí en la camilla, desde la sala de emergencias desde donde yo escribo. Esperando nuevamente por mi hacedor a que resucite mi alma y espíritu que mueren y me enseñe a vivir. Y así cuando viva nuevamente, podré vivir con intensidad y saber que si desmayo, allí está él, nunca se fue, siempre estuvo allí, sabiendo los primeros auxilios, sabiendo que debe colocar los tres dedos desde el extremo del esternon, sabiendo que en el tercer dedo, ha de poner las manos sobre mi pecho.

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2 pensamientos en “Con las manos sobre el pecho

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